EL OFENDIDO

domingo, 22 de febrero de 2015 0 comentarios
Justo caminaba hacia mi automóvil cuando un joven de, yo calculo menos de 30 años, se me acercó muy agitado, lo cual debo admitir me provocó temor por la situación que vive nuestro país en general y nuestra ciudad en particular, pero después de yo encomendarme a mis respectivos y respirar un poco le pregunté muy segura si necesitaba algo a lo que el joven me contestó: “sí que nos tomes más en cuenta, siempre hablas de lo que les sucede a las mujeres y pareciera que los hombres no sentimos”. De entrada le contesté que yo creía me confundía con otra persona pero no, me dijo que por lo general en “Mi Bolsa de Valores” me preocupaba más por las mujeres.

Tuvimos una conversación amena, me contó que acababa de perder su trabajo, al parecer le gustaba una chica que ya tenía novio y aunque él le había insistido varias veces en intentar algo ella de plano no quería nada con él. En realidad no me preció un chavito desagradable quizá los pocos minutos que compartimos lo sentí inseguro, pero sobre todo ofendido.

Ofendido porque por ser hombre todo el mundo espera demasiado de él: que sea exitoso, conquistador, galán, el gran amigo, trabajador, hijo, hermano, etc.

Honestamente, nunca me había puesto a pensar con detenimiento la carga emocional de un hombre…perdón toda mi vida he sido mujer y créanme que eso es ¡BASTANTE COMPLEJO!.

Yo siempre pensaba que ser hombre era mucho más sencillo: no importa cómo, dónde o cuando, siempre alguien estará con ellos y para ellos, pueden usar el mismo traje con diferentes camisas y corbatas, con 2 pares de zapatos tienen… no sé… creo que siempre los hombres de mi vida han sido muy sencillos, poco complejos… o eso pensaba.

Hoy, me disculpo con cada uno porque la historia de cada SER HUMANO, sea hombre o mujer lleva una carga, una historia, una telaraña emocional que únicamente el que la vive conoce el inicio, el trayecto y quizá ni él sabe cuál es el camino correcto para la salida adecuada.
Cuando me despedí del muchacho, también comprendí como nosotras las mujeres muchas veces no les permitimos a los hombres que nos hagan sentir damas, por querer entrar en el juego de la independencia.

¡Nos quejamos que ya no hay caballeros, pero es que ya casi no hay damas!... las mujeres ahora queremos jugar muchas veces el mismo rol de los hombres, bebemos a la par que cualquier caballero de buena garganta o hablamos como carretoneros diría mi madre y algunas menosprecian a sus parejas por no ser tan capaces profesionalmente como ellas. Y créanme ni me asusto ni me sorprendo, solo creo que el ser femeninas no nos quita el ser inteligentes, solo digo que seamos elegantemente competitivas, encantadoramente sugestivas, bien dicen que más se gana con miel que con hiel.

Ni los hombres deben cargar con todo el peso del éxito de una vida ni la mujer debe demostrar que tiene súper poderes, disfrutemos cada uno nuestras maravillosas diferencias para conseguir grandes ideas.
Si lo pensamos poquito…yo también quizá, igual que ese joven me sentiría ofendido.



LÓPEZ-ARRIAGA

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