EL DÍA QUE PERDÍ

domingo, 12 de mayo de 2019 0 comentarios

Para mí es importante compartir esta etapa de mi vida, justo en la que estoy, trabajo cada día para reparar un pedacito  de mi interior, lo escribo y lo expongo porque sé que no soy la única persona que hoy está buscando permanecer emocionalmente equilibrada.

Para comenzar, les quiero resumir una vida: imagina a una pequeña de 4 años. En un accidente muere mamá, no ve a papá más que por períodos cortos, sale de su entorno seguro, tiene que habituarse a nuevos espacios, a personas desconocidas hasta entonces para ella, no siempre sus nuevos hogares fueron zonas que la hicieron sentir tranquila… solo es una niña de 4 años, nadie le ha explicado que sucede, dónde quedó su familia, por qué su papá no se queda. Todos los que la rodean hacen lo mejor que pueden, pero ella duerme, soñando con regresar a sus momentos felices.

Un nuevo cambio llega, ya con este son 3 hogares diferentes en menos de un año, 3 ambientes nuevos, olores y caras nunca vistas, lo que la mantiene tranquila es saber que su papá está ahí, otra vez cerca y poco a poco olvida, porque ahora tiene una nueva y divertida vida.

40 años más tarde, realizando un trabajo continuo de compromiso personal descubre que ese dolor interior que aparecía constantemente se ha ido. Hoy lo único que se permite sentir es paz, gratitud y amor.

En pocas palabras, si esa niña pudo, YO puedo, YO quiero, YO merezco ese amor, esa paz y esa estabilidad que hoy me permite decir: GRACIAS.

Gracias, porque el día que perdí mis primeros recuerdos, poco a poco me fui convirtiendo sin saberlo en una persona resiliente,  el día que perdí comencé a construir al ser que hoy soy.

Hoy comprendo el valor de la vulnerabilidad, hoy me parecen extraordinarios los detalles más sencillos, porque aprendí que las cosas son como son, no hay más y es un deleite estar viva para transformar, crear, evolucionar, sentir, disfrutar y una vez más agradecer.

El día que perdí siempre formará parte de mí, porque seguro volveré a perder…y no está mal, ahora sé que la vida no se trata de siempre ganar, se trata de ser feliz y cuando esto pasa automáticamente todo mejora y te conviertes en un observador continuo de la belleza a pesar de lo caótico del ambiente.

Tomo una frase prestada de la Madre Teresa de Calcuta: “ Que nadie se acerque jamás a ti, sin que al irse se sienta un poquito mejor y feliz”

El día que perdí comencé a crecer.



LÓPEZ-ARRIAGA

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